La ansiedad en la mujer de 40

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Cuando la mujer llega a una edad o está llegando (esta suele ser los 40 años, la cual consideramos la mitad de la vida) siente que la invade el desaliento, y las fuerzas flaquean, parece que no das abasto y que el día debería tener más de 24 horas para una (Crisis de los 40). Deberíamos preguntarnos, en estas ocasiones, ¿Qué me está pasando? Y reflexionar sobre nosotras mismas, en cuáles son nuestros pensamientos y por ende, los sentimientos que generan estos (estando a favor de la psicología cognitiva). ¿Es menos una mujer que no ha tenido hijos o que no ha seguido las pautas marcadas socialmente? Cómo se suele decir, esta vida es una lotería, pero para todo, no por no haber cumplido determinados parámetros sociales, debemos sentir ansiedad. Esta suele producirse en muchas mujeres porque las queda poco tiempo para ser madres, porque deben conocer al príncipe de su vida corriendo (que nunca llega) o porque su trabajo ha de ser seguro ya para siempre. Así nos convertimos en seres angustiados, esperando siempre lo que está por llegar, pensando que eso será la auténtica felicidad. No nos engañemos con eso, infiriendo que todo el peso está en nuestras circunstancias externas, porque aquella mujer que ha llegado a lo marcado por esta sociedad puede ser alguien muy feliz o infeliz por muchas cuestiones. La felicidad proviene del interior de cada mujer, independientemente de sus circunstancias y la ansiedad es un estado interno que debemos superar con determinadas técnicas, que vamos a aportar dentro de este artículo, por si os pueden ayudar, dirigiéndonos no solo a aquellas que no son madres sino también a las que lo son y saben lo que significa eso. (En muchas ocasiones requiere sacrificar aspectos profesionales y espacios que toda mujer necesita)

Para combatir este estado llamado ansiedad y que nos dificulta, en cierta forma, el vivir la vida de modo natural y tal como es, os damos unos consejillos que no serán mágicos sino sólo de ayuda una vez los practiquemos:

  1. Organización: No acumules tareas. “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Procura, ir solucionando lo antes que puedas las tareas pendientes, con el objetivo de dejar tiempo a ratos de ocio y descanso. Nunca utilices estos para trabajar.
  2. Aprende a delegar: Cada persona trabajadora ha de hacer lo que corresponde a su especialidad. Confía en los expertos en la materia y delega el trabajo que a ellos les corresponda
  3. Disfruta de tu presente: Es lo que tienes. Si te dedicas a vivir el pasado y el futuro nunca vas a disfrutar de lo que realmente sucede ahora en tu vida.
  4. No te impliques en aquello que no puedes controlar: Hay cosas que se escapan a nuestro control, no focalices en ellas. Estas pueden ser los sentimientos de otras personas o la simpatía que estas sienten hacia ti.
  5. Duerme las horas suficientes: sin descanso no cargas las pilas y tu energía está por debajo de los niveles que debería.
  6. Siéntete realizada no sólo con el trabajo sino con otras actividades que te agraden y te hagan sentir viva: paseos, deporte, cine, trabajos manuales…. Hay mil opciones, sólo tienes que encontrar la que más te guste a ti.
  7. Haz deporte. Libera el estrés: Baja los niveles de ansiedad que podamos tener y aunque requiere fuerza de voluntad al principio, hay que obligarse hasta que lo hagamos un hábito, con el tiempo, iremos notando los beneficios.
  8. Cultiva tu humor: Es una de las mejores terapias que existen. Se le atribuyen numerosos beneficios psicológicos (sensaciones y estados de alegría, bienestar y satisfacción, reducción del estrés, prevención de la depresión), físicos (tolerancia al dolor, activación del sistema inmunológico, mejora del sistema cardiovascular) y sociales (mejoras en la motivación, la comunicación, el orden y la armonía social).
  9. Intenta llevar una alimentación sana. Lo que comemos tiene efectos directos sobre cómo nos sentimos física y emocionalmente. Conviene limitar el consumo de: Grasas, vísceras y charcutería, estimulantes (café, té, refrescos con cafeína, extractos de guaraná, ginseng) y alcohol, sales y azúcar, aditivos y otros productos artificiales.
  10. Aprende a relajarte: hay miles de técnicas, cada una encuentra la que mejor le viene practicando las mismas. Pueden ser ejercicios de relajación, visualizaciones, yoga….etc

Probablemente, si conseguimos seguir estas pautas nuestro nivel de ansiedad se irá reduciendo y sobre todo, antes de practicarlas, hemos de sentarnos un día y pararnos a reflexionar si nos vemos envueltas en un círculo de esta índole. ¿Merece la pena? Los 40 es una edad clave para ver el vaso medio lleno y ni medio vacío. Nos queda por delante toda una vida y no deberíamos de halar de “Crisis de los 40” sino de la etapa de esplendor que supone.

Pero, ¿qué es la ansiedad?

Antes de adentrarnos en el estudio de las tendencias teóricas más recientes en torno a la ansiedad, tener en cuenta la evolución histórica del término. En este sentido, Mc Reynolds (1975) apunta como fecha de la aparición del concepto el período helenístico griego (c.a. 350 a.J.) y aporta la hipótesis de que las condiciones culturales, la gran importancia concedida por primera vez en la historia al autoconcepto y la relevancia que adquiere la noción de la propia personalidad en ese momento son determinantes de su aparición. Como término técnico, es ya utilizado en 1747 por el autor desconocido de “Exploración sobre los apetitos y afectos humanos” que proponía que un estado de incertidumbre conduce a un estado de ansiedad. Posteriormente, Battie (1758), Kierkegaard (1844) y varios autores más utilizan el término que fue, finalmente, incorporado en 1926 al ámbito de la psicología por S. Freud. Para una revisión más amplia del desarrollo histórico, véase Lam 1978, McReynolds 1975, así como Marinelli 1980 (Ansorena Cao Al., Cobo Reinoso JJ., Romero Cagigal I.). Estudios de psicología 1983 nº 16-1983.Recuperado 26 de Septiembre de 2015 de la base de datos Dialnet.

Según Enrique Rojas (1998), la ansiedad es una vivencia de temor ante algo difuso, vago, inconcreto, indefinido, que, a diferencia del miedo, tiene una referencia explícita. Comparte con el anterior la impresión interior de temor, de indefensión, de zozobra. Pero mientras en el miedo esto se produce por algo, en la angustia (o ansiedad) se produce por nada, se difuminan las referencias. De ahí que podamos decir, simplificando en exceso los conceptos, que el miedo, es un temor con objeto, mientras que la ansiedad es un temor impreciso carente de objeto exterior.

La ansiedad es una manifestación esencialmente afectiva. Esto quiere decir que se trata de una vivencia, de un estado subjetivo o de una experiencia interior, que podemos calificar de emoción, con las características apuntadas para la misma. A eso se añade un estado de activación neurofisiológica (arousal en el lenguaje anglosajón), que consiste en una puesta en marcha de los mecanismos que controlan la vigilancia (fundamentalmente córtico-subcorticales, pero mediatizados por la formación reticular).

La ansiedad consiste en una respuesta vivencial, fisiológica, conductual, cognitiva y asertiva, caracterizada por un estado de alerta, de activación generalizada. Por tanto, lo primero que destaca es la característica de ser una señal de peligro difusa, que el individuo percibe como una amenaza para su integridad.

Muchas veces nos sentimos agobiadas, parece que nos faltan horas en el día para hacer todas aquellas cosas que nos demandan tanto el trabajo como la vida personal, no sólo nos falta tiempo, también casi hasta el aire para respirar…En estas ocasiones, mi consejo es que nos paremos, hagamos un inciso en nuestro monólogo interior que está trabajando todo el día dentro de nuestra mente y por un momento le digamos….Basta!!!!Ahora me toca el recreo, el espacio de tiempo que necesito para descansar y preguntarme ¿Merece la pena vivir así? ¿Por qué tanta prisa? ¿Qué consigo yo con esto? Quizás nos dé la sensación que por actuar deprisa, hablar deprisa, comer deprisa y enfadarnos rápido, también todo avanza más rápido, pero no es así, avanza sí, pero estamos constantemente tirando de un carro con ruedas cuadradas y todo lo que nos rodea pasa delante de nuestros ojos sin darnos cuenta de lo realmente importante que es vivir y deleitarnos con lo maravilloso que nos ofrece la vida, esos pequeños detalles que contribuyen a nuestra felicidad que, en realidad, es para lo que estamos aquí.

Por tanto, y en resumen, os invito a que nos paremos a pensar si merece la pena vivir tan deprisa, perdiéndonos tantas cosas que merecen la pena, como es poder vivir las emociones en su mayor intensidad.

Lo más importante es ese STOP que debemos respetar, párate a pensar…. ¿Merece la pena perderme esta película, que es la vida? No sabes que ocurre, pero hay algo dentro de ti que se escapa a tu control, sientes nervios y quizás un temor de que algo ocurrirá más tarde o temprano y no precisamente algo bueno, algo que vas a tener que solucionar con todas tus fuerzas…pero no sabes lo que es. Todo esto es algo que vivimos de una forma muy real tanto fisiológica como psíquicamente, no obstante, tan sólo es una percepción que tenemos nosotros. Es lo que se llama ansiedad. Y hoy, empezamos a trabajar con estas pautas para conseguir alejar la ansiedad de nuestras vidas.

 

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