Minimalismo emocional 4: La verdadera importancia de las palabras

https://www.flickr.com/photos/alejandra-garcia/905509310/in/photolist-2o1Ynu-azxUWw-cvymVU-p8XMiB-dsoekW-bm4f4M-nSPsSm-czNji3-8psTRK-4booBb-hwm416-pERHcc-GZVfY-bDpEBG-ppR6WM-7xFbwy-hnPgdv-6RFiau-fpQus9-eUDAni-cVKSts-nkNt3U-57otjX-5kWypw-bdi1H6-6STqJv-F3QfE-fdtYcL-jLA1Uz-qRDZ1p-piZvS2-r8rfsf-bB3kFC-bkqhdP-4YooPH-oR4eBm-aK3HMF-6sMfy4-bzBCVw-6VGaZn-jiam34-dZQkR5-dEV3VF-a9Sv2z-ksNwgM-pGHFJm-bhMYti-D5FYd8-f82NP2-pCKHBp
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Cuando tenía cuatro o cinco años me dijeron que se me daba mal dibujar, no con mala intención, dicho desde el cariño, simplemente señalaron que eso se me daba peor que otras cosas. Mi abuelo era un pintor maravilloso y el listón estaba altísimo. Aquello supuso una frustración durante mucho tiempo porque me encantaba dibujar y pintar, pero lo cierto es que no sabía hacerlo. Pasaron años y años en los que no dediqué mis esfuerzos a ninguna otra actividad artística que no fuera la literatura ya que se me daba fatal lo estético, lo visual. Esa fue la razón que me hizo no intentar pintar de niña y por la que siempre justificaba el hecho de que las manualidades me quedaran penosas, aun así, pasaron los años, fui madre, comencé a hacer cosas con mis propias manos y algo en mi interior me decía que podía hacerlo un poquito mejor.

Una tarde de lluvia mi hija me pidió que le dibujara a la sirenita. Yo entré en pánico y esgrimiendo la excusa de que dibujaba fatal le dije que no, pero claro, ella me puso carita de pena y me dijo que por lo menos lo intentara. Agarré el boli, una foto de internet y dibujé, como pude, a Ariel. Para mi sorpresa me salió una sirenita bastante digna en mi estandar de calidad. Después llegó mi hijo mayor y me pidió que le pintara a los hermanos Bross. Animada por el éxito del primer dibujo seguí dibujando a Mario y Luigui y quedaron fenomenal. Los niños se quedaron tan contentos coloreando sus dibujos mientras yo estaba en un shock de euforia. En ese momento me di cuenta de algo importante; no había practicado lo suficiente. Tan simple como eso, me faltaba práctica. Me había dejado engañar y había pensado que para pintar había que estar tocado por los dioses o algo así, y como a mí no me había tocado ese don, ni siquiera debía intentarlo. Que error más grande, sólo tenía que empezar a pintar y esforzarme para hacerlo bien. Desde ese día no he parado de pintar, dibujar y hacer manualidades. Aun me sorprendo de lo que estoy disfrutado de este camino, de lo que me ayuda a desconectar y a disminuir el estrés.

Esto es lo que sucede un día tras otro con los metaprogramas o paradigmas mentales, que son descritos por la Programación Neurolingüistica o PNL. Un paradigma mental explicado de una manera muy resumida es la forma en la que procesamos la información que nos llega. Son unos poderosos patrones o modelos internos que dirigen nuestro comportamiento, son programas que deciden a qué prestamos atención. Esas líneas de pensamiento organizan nuestra experiencia para crear nuestros comportamientos. Si se nos graba el metaprograma de que “somos malos para las matemáticas” nos comportaremos como si fuéramos malos para las matemáticas y seguramente lo seremos, además no dirigiremos los esfuerzos adecuados a este campo ya que creemos erroneamente que son un fracaso anticipando. Yo he sido mala para las artes plásticas hasta que me di cuenta de que era un metaprograma o paradigma erróneo que debía borrar de la mente.

No somos conscientes de la cantidad de este tipo de mensajes que nos han grabado y que nos provocan comportamientos que no son genuinamente nuestros, ni tampoco nos damos cuenta de la cantidad de paradigmas que nosotros mismos nos imponemos y sufrimos cada día. Cuantas veces nos decimos mensajes negativos sobre nosotros que nos creemos como reales: no se me da bien la cocina, soy torpe, soy malo haciendo… O peores, los que nos desvalorizan en aspectos más cruciales: no soy gracioso, no soy atractivo, no soy…
Aquí es donde tenemos que parar y hacer la siguiente reflexión: ¿cuáles de nuestros mensajes son verdaderos? ¿nos aportan algo? ¿nos identifican realmente? ¿qué nos estamos diciendo? ¿qué estamos diciendo a los otros que son o que deben ser? Las palabras son importantes, esenciales y hay que tener mucho cuidado con los mensajes porque pueden hacer que seamos más mediocres o mucho menos capaces de lo que somos en realidad.

La solución pasa por hacer un esfuerzo consciente en el que consigamos detectar esos paradigmas erróneos y extirparlos de nuestro cerebro, de la misma forma que eliminamos las aplicaciones del móvil cuando ya no nos sirven. En el caso de las cosas que queremos hacer y creíamos que se nos daban mal, tenemos que practicar con la actitud de aprender desde cero abiertamente (todo el mundo con el debido aprendizaje puede cocinar bien, probablemente no llegaremos a ser unos grandes Chefs, pero si podemos ser grandes cocineros). Practica y disfruta de eso que siempre has querido hacer. Cree en tus infinitas posibilidades.

Con respecto al otro tipo de metaprogramas, los más tóxicos a mi modo de ver, voy a decirte una verdad indiscutible: eres una persona fantástica y perfecta, tan maravillosa que hay alguien que es tu fan y ni siquiera lo sabes, si tienes hijos eres poseedor de un club de fans completo. Pero no importa lo que yo te diga, importa lo que te digas tú, el mensaje que te des cada mañana al levantarte.
Hace pocos años aprendí que el paradigma social más terrible que nos han grabado es que “Hay que ver para creer”, cuando en realidad el cerebro funciona justo al contrario, “Hay que creer para ver”, esto no solo lo demuestra la ciencia sino que hay infinidad de programas de televisión en los que personas que eran incapaces de subir una montaña entrenan y la suben, personas que se creen poco atractivas toman consciencia de que cualquiera puede sentirse guapo, personas que aprenden a bailar, cantar, imitar, cocinar y tantas otras cosas. No hay límites para ti, el límite lo pones tú.
Debemos dejar de creernos mediocres, disfrutemos de nosotros en todo nuestro esplendor. El día no puede ser igual si los mensajes que nos lanzamos son estos http://youtu.be/9YXYlIBOU5I
Ahora seamos como Jessica: levanta los brazos y grita ¡SOY EL MEJOR, LO PUEDO HACER TODO BIEN!
Lo eres, te lo mereces y todos los que te rodean se merecen tu mejor versión. ¿Te atreves?
¡ Feliz día !

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