Una de reencuentros fortuitos….¡ y sorprendentes!

unnamed

Algunos domingos por la noche lo único que deseo es que vuelva a ser viernes para descansar del fin de semana y, hoy, es uno de esos domingos. Qué perezón, estaba agotada después de un curso, de ejercer de mami, de una visita por Valsaín, de acabar la tarde trabajando y poniéndome al día mientras ordenaba la casa y cuidaba de que las dos fieras no discutieran siempre por el mismo juguete… A las 21,30 surge una cena,  en nuestra propia casa lo que traducido a mi estado de cansancio es lo mismo que perezón al cuadrado. No queda otra, es lo que hay. Un amigo anónimo de Laura, mi cuñada, estaba en camino, a punto de llegar… Sustituyo el pijama rápido por cualquier vaquero con el deseo de que sea corta la visita y, para mi sorpresa, en un segundo, todo cambia… Así es la vida.

Compartimos fiestas universitarias, algún que otro café, bastantes horas de pasillo en el campus y, como con tantas personas, me crucé con él en un sinfín de rincones. En realidad, nunca tuvimos una relación estrecha aunque sí éramos conscientes el uno del otro. Acabó la universidad y la relación terminó. Hasta aquí, todo normal, ¿verdad? Casualidades de la vida, hoy ha cenado en mi casa.

Ha sido en ese momento, cuando he abierto la puerta y le he encontrado… Pues sí, allí estaba él. No recordaba su nombre, ni la carrera que estudiaba, tampoco la gente que teníamos en común pero nos hemos visto, nos hemos sonreído y un sinfín de recuerdos han venido a mi memoria. Era Sergio, que casualidades de la vida, es de Logroño (como Rodrigo) y, casualidades de la vida, hoy viajaba a Segovia, igual que mi cuñada y dos amigas y, casualidades de la vida, han venido juntos en coche porque, casualidades de la vida, tenían a gente en común. La vida, sin duda, es sorprendente.
Así que, como quien no quiere la cosa, hemos compartido Sushi, de Sushicatessen, que casualidades de la vida y, aunque vive en Londres, había pedido estos días, durante su estancia en España. Y, casualidades de la vida, 13 años después, las fiestas universitarias han dado paso a una interesante conversación.
Casualidades de la vida hemos seguido hablando y, aparte de conocer su apasionante profesión (que ahora os cuento) hemos hecho un repaso (desde el cariño) de algunas de las personas que nos han acompañado. Si otra amiga se casó, o la otra se separó hace ya unos años, hemos llegado a muchos cuyos nombres que no recordaré ahora hasta llegar a otro de la época: Salva, otro chico de la uni que también compartía ratos y que, casualidades de la vida, resulta que es el hermano de Pablo Alborán. La teoría de los seis grados se confirma, ¿o sólo son dos o tres?
Es sin duda en momentos así cuando te das cuenta de la cantidad de gente que pasa por tu vida. Algunos pasan para quedarse, otros para no regresar nunca y los menos para volver a aparecer, así, sin avisar. En un año Sergio volverá a Segovia, ahora él imparte clase en el Instituto de Empresa. La nueva cita está marcada, tocará repetir cena de sushi, y un buen rato.
De momento, de su mano, he vivido en primera persona lo que en un año será el nuevo medio en el que, vosotros y yo misma, estaremos inmersos: la realidad virtual. Él es una de las pocas personas  que trabaja en esta materia, desde Londres, y de su mano, y con la sorprendente tecnología que guardaba en apenas una mochila, me he desplazado hasta Japón. Un viaje 360º tan real que escuchaba a sus gentes, podía girarme, ver el cielo, descubrir los escaparates…. Ha sido un viaje tan real que permitía sentir los cerezos de Tokio. Una realidad virtual tan tan real que fascina (e incluso asusta)
La vida es casualidad y las casualidades, casualidades son. Así es la vida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.